La artesanía y el legado cultural de los pueblos autóctonos

25.09.2013 00:24

 

La artesanía y el legado cultural de los pueblos autóctonos

Educadores de Adultos. Ex-docentes del sistema provincial. Nivel primario y capacitación laboral.

 

 

DIARIO EL LITORAL DE SANTA FE  http://www.ellitoral.com/ 

Desde los comienzos mismos de la humanidad el hombre fue llamado a ser cada vez más. Las originarias civilizaciones de nuestro territorio han dejado aportaciones maravillosas que hay que saber apreciar en su real dimensión e importancia. Representan algo significativo, que los identifica como comunidad en un tiempo-espacio histórico determinado. Patrimonio tangible de esas culturas son las construcciones, artesanías, piezas de arte, etc. testimonios de su creatividad y sustrato de su identidad que significan y son parte de la historia y memoria del lugar al que pertenecieron.

Las tierras elegidas por don Juan de Garay, para llevar adelante su gesta, estaban pobladas por tribus que buscaron los lugares propicios para vivir y se adaptaron a los recursos que la naturaleza les brindaba, en especial los sedentarios, entre los que se destacaron: querandíes, timbúes o chaña-timbúes, caracaráes, corondás, quiloazas y calchines, entre otros. Mantenían relaciones de amistad con los comechingones y otros de las serranías cordobesas, y con los huarpes de la cordillera.

Las investigaciones arqueológicas realizadas en la primitiva Santa Fe, que fundó Juan de Garay en tierras de calchines y mocoretás, demostraron que estos grupos indígenas poseían una alfarería propia y común entre ellos, verdadero género de expresión caracterizada por su espontaneidad, empirismo e intuición, como lenguaje propio, como demostración auténtica de una comunidad.

En Santa Fe, se han hallado restos de una cultura que podría llamarse “Cultura indígena del Arroyo Leyes” o bien “Arte mocoví”. Circunstancias felices permiten individualizar, con certidumbre, la cultura a que debe atribuirse los materiales arqueológicos obtenidos en el yacimiento de Arroyo Leyes, aparece un tipo de cerámica desconocido hasta ahora, que presenta en la forma de vasos enteros.

El padre Florián Pauke describe la vida de los mocovíes que merodearon el oriente santafesino y muchos de ellos se concentraron, más tarde, en las reducciones de San Javier y posteriormente en las de San Pedro; esas descripciones evidencian que los elementos ornamentales como las indumentarias, las tocas diversas, los complicados peinados y hasta los adornos corporales que las alfarerías indígenas modelaron con tanto cariño en las representaciones humanas obtenidas en el yacimiento del arroyo Leyes, son propias de esta cultura.

Entre otros indios alfareros se destacaron los timbúes y corondás que fabricaban vasijas de barro, de caprichosas formas y adornadas con extraños dibujos, no siendo raras las que ostentaban figuras representando animales salvajes, que prueban el conocimiento de rudimentarias técnicas de alfarería y escultura, hallándose todavía útiles que llaman la atención por su dureza o colorido. Se ha comprobado la existencia de yacimientos interesantes desde San José del Rincón hasta Gaboto, incluyendo la isla Las Tejas, frente a Coronda. Los grandes loros de la región del Paraná han inspirado a estos aborígenes que los plasmaron con mucho acierto en asas y adornos rituales.

Florián Paucke en “Hacia allá y para acá” se refiere a la preparación de la arcilla y al procedimiento empleado para ollas y vasijas de beber. También refiere cómo les enseñó a tejer: “elegí de entre ellas (indias) y les mostré de qué modo debían hacerlo”. Así consiguió la fabricación de alfombras: “en un año fue organizada toda una fábrica de mantas”.

Las mujeres indias fabricaron grandes tinajas de tierras cocidas para mantener el agua fresca. La reducción de San Javier fue la que más impulso dio a las artesanías indígenas; en ella floreció la pintura, la escultura, la música, la hilandería y la cerámica. Bajo la mirada atenta de los jesuitas, se confeccionaron imágenes, retablo para los altares, cálices y demás enseres religiosos y hasta fabricaron instrumentos de orquesta y aun órganos.

Desde esta reducción como de otras misiones jesuíticas, se erigió la cátedra de la cultura hispanoamericana. Dice el padre Guillermo Furlong: “En San Javier, iniciaron a cuatro muchachos en el arte de la escultura que fueron quienes ejecutaron un tabernáculo y dos frontales finamente tallados para la iglesia de los Jesuitas de Santa Fe. Gracias a la dedicación de estos clérigos, se formaron los verdaderos semilleros artesanales indígenas. Sus obras han quedado como hitos vivientes tales como la “Virgen india’, el “Cristo mocoví’, “San José’ y “San Pedro’, entre otros”.

La práctica coral orquestal y artesanal, junto con la construcción de instrumentos musicales eran pan cotidiano entre estos mocovíes, que llevaron la música aprendida junto a Paucke hasta Buenos Aires.

 

Después de tanto esplendor y con la expulsión de los jesuitas, ¿qué quedó de aquel florecimiento? Los misioneros no pudieron llevar nada consigo. Transcurrieron más de cien años hasta la aparición del primer hecho musical documentado que se posee de San Javier.

Es importante tomar conciencia de nuestra historia, rescatar lo olvidado, no para volver al pasado sino para aprender de la sabiduría de nuestros antepasados y así poder integrarnos a un mundo globalizado siendo quienes somos, con costumbres arraigadas, para poder defender nuestra cultura. El patrimonio cultural es la memoria de la comunidad que debemos mantener como tal, guardando y protegiendo.

Bibliografía consultada: Sacchero, Pablo: “Contribución a la comprensión del patrimonio cultural”; Guidi, Feddy: “Enfoque para la valoración regional del patrimonio”; Roberano, Andrés; “Santa Fe la vieja”; Serrano, Antonio: “Los pueblos y culturas indígenas del litoral”; Pistone, Catalina; “Estudio histórico de las artesanías en Santa Fe”, y Edición oficial: “Historia de las Instituciones de la Provincia de Santa Fe”.

Cabezas de loro y de puma en cerámicas de nuestra cultura indígena. Actualmente, forman parte del patrimonio del Museo Etnográfico de Santa Fe