MUJERES DE ESTE LADO DEL MUNDO

12.09.2013 01:43

 

MUJERES DE ESTE LADO DEL MUNDO

 

 

Mujeres de este lado del mundo

Ante un nuevo Día Internacional de la Mujer, la oportunidad es propicia para un repaso de su condición en este continente tan especial, convulsionado, controvertido y desorientado en muchos aspectos, como es América Latina.

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DIARIO EL LITORAL DE SANTA FE http://www.ellitoral.com/

 

TEXTOS. ANA MARIA ZANCADA. FOTOS. EL LITORAL

Las mujeres americanas, cobrizas, blancas y negras trabajan denodadamente, defendiendo su historia, su tierra, su gente, transmitiendo de generación en generación la voz de sus ancestros. Voces que se escuchan en el rumor del agua de estas tierras calientes, o en el silbido del viento helado de los Andes milenarios.

Ojos oscuros, profundos como los abismos, sonrisas blancas como la nieve de las cumbres. Su andar puede ser lento y majestuoso como el deslizarse del cóndor, o sigiloso como los felinos de las selvas impenetrables. Su sabiduría es ancestral, viene del corazón mismo de la tierra. Bien lo expresa la poeta paraguaya Ida Talavera cuando escribe “A todas las mujeres de mi tierra, mujeres campesinas/ que luchan por el pan de cada día/ llevando entre sus brazos/ el pedazo/ de su propia existencia”.

Latinoamérica es una de las regiones más violentas del mundo, y son las mujeres y los niños los que soportan el chicotazo de la cadena ondulante. Desde México a la Patagonia, con pocas excepciones, el sector femenino -y, prendido a sus faldas, el de la niñez-, es el colectivo más castigado por la desnutrición, el analfabetismo, la marginación y la violencia.

¿Es justo establecer un día para reflexionar sobre este tema? ¿Es beneficioso?, ¿O acaso estamos haciendo una auto discriminación? Tal vez valga el esfuerzo para llamar la atención sobre un problema muy amplio, muy complejo, muy rico en matices, que involucra a más de la mitad de la población del mundo, y que durante muchos años -más bien siglos-, se vió totalmente relegado. Pero hete aquí que ahora, ya instalado definitivamente a nivel global el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer, nos encontramos con punzantes estiletes que, partiendo de la “nave madre”, toman caminos diferentes pero que en sí mismo son un llamado de atención para todos.

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El 18 de febrero de 1928, un grupo de mujeres dentro de la 5ta. Conferencia Panamericana de la OEA (Organización de Estados Americanos), impulsó la creación de la Comisión Interamericana de Mujeres de América. Así quedó establecido, al menos en los papeles, el Día de la Mujer Americana. Con el tiempo se fue desdibujando su recordación.

Por cierto que han transcurrido los años y la fecha está totalmente olvidada. Sin embargo, y ante un nuevo Día Internacional de la Mujer, la oportunidad es propicia para un repaso de su condición en este continente tan especial, convulsionado, controvertido y desorientado en muchos aspectos, como es América Latina.

 

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CRISOL DE RAZAS

Los que sumamos algunas décadas recordamos una expresión harto repetida a lo largo de nuestro paso por la escuela: crisol de razas. Pero lo que no alcanzábamos a dimensionar era la miseria humana que existía detrás de los discursos. ¿Algo cambió? Sí, tal vez la integración comenzó años atrás, obligada también por el aporte europeo de millones de rubios hambrientos que huyeron de la vieja Europa y que colmaron el sueño de los que pretendían, sobre todo, una Argentina de ojos claros.

Pero la naturaleza hizo lo suyo: las guerras y el hambre provocados de adentro y de afuera, desequilibraron los platillos de la balanza y los pronósticos fracasaron en parte.

América Latina se convirtió en un gran vientre fecundo que no cesa de parir desigualdad y miseria, salvo con muy contadas excepciones, y a lo largo de no tantos años cebó el populismo gobernante en masas amorfas fácilmente manejables a base de prebendas vergonzantes que apoyan a los mesiánicos de turno.

Pero la mujer latinoamericana sigue en pie, defendiendo su hogar y su cría. Ha comprendido que sin educación ni siquiera se puede comenzar el camino. Ya lo dijo aquel fervoroso iluminado llamado Domingo Faustino Sarmiento: “El progreso de un pueblo se mide por la educación que reciben sus mujeres”.

Esto es más que un reclamo. La mujer sabe que lo suyo es una verdadera lucha para derrumbar un muro de siglos: desnutrición, analfabetismo, marginación, baja autoestima. En México, por ejemplo, hay una gran tolerancia hacia la violencia masculina, y la mayoría de los analfabetos son mujeres, sin olvidarnos del terrible drama de las desaparecidas en Ciudad Juárez, muy relacionado con el tráfico humano y la prostitución. La mexicana, junto a los indígenas, en este momento están luchando para defender el derecho a ser alfabetizados.

Rosario Castellanos fue una exquisita escritora mexicana, conciente de su doble rol y de la lucha permanente que eso significa. Llegó a ser embajadora de su tierra en Israel, pero nunca olvidó su origen: “Porque una palabra no es el pájaro/ que vuela y huye lejos./ Porque no es el árbol bien plantado./ Porque una palabra es el sabor/ que nuestra lengua tiene de lo eterno,/ por eso hablo”.

 

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AMÉRICA VIVA

Las tasas de analfabetismo en América Latina están decreciendo. Pero la problemática sigue existiendo en las áreas rurales y, sobre todo, en la población femenina. Se calcula que de cada diez analfabetos, siete son mujeres. El informe mundial sobre educación en el año 1991, revela que países como Guatemala, El Salvador y Bolivia tienen entre un 30 y un 50% de mujeres analfabetas, mientras que en otros países, como Uruguay, Argentina, Costa Rica o Cuba, representan sólo entre el 4 y el 7% de la población femenina total (1).

A pesar de lo humilde que pueda ser su condición, ellas van comprendiendo que la educación es la única forma de cambiar su situación y la de sus familias.

“La razón no tiene sexo”, afirmaba el pedagogo dominicano José María de Hostos, y junto a María Salomé Ureña Henríquez, lucharon por la igualdad en la educación. En las postrimerías del siglo XIX fundaron la primera Escuela Nacional para Mujeres en la República Dominicana.

En Bolivia, la chola ha tenido una aceleración notable. En los últimos años ha ocupado cargos importantes como el de ministras, juezas, parlamentarias, gobernadoras; incluso en 1997, Remedios Loza, diputada de origen campesino, se presentó como candidata a presidente. Evo Morales formó un nuevo gabinete, que por primera vez en la historia está integrado por mujeres y hombres por partes iguales.

Y sin bajar mucho geográficamente, en nuestra puna jujeña, un grupo de collas dieron vida a la organización Warmi Sayajsunqo, proyecto comunitario que funciona a la perfección. Asesoradas correctamente, fueron ellas las que enfrentaron la pobreza y en un entorno aparentemente desolado, están sacando vida de las piedras y haciendo parir a la Pachamama.

“La razón no tiene sexo”, afirmaba el pedagogo dominicano José María de Hostos, y junto a María Salomé Ureña Henríquez, lucharon por la igualdad en la educación. Juntos fundaron, en las postrimerías del siglo XIX, la primera Escuela Nacional para Mujeres en República Dominicana.

Desde los diferentes países llegan los números y estadísticas que hablan de las incomprensibles diferencias: en Guatemala hay un 60% de analfabetismo entre las mujeres, y este país es el segundo en mortalidad femenina en América (dato de 1995).

En Paraguay, la mujer ha dado muestra de increíble heroísmo y sacrificio, desde siempre, y sobre todo después de la sangrienta Guerra de la Triple Alianza, que dejó al país prácticamente sin hombres. Ellas arañaron la tierra ensangrentada para parir los hijos de la desolación, pero salieron adelante y siguen luchando para conseguir un rol digno dentro de un entorno social que históricamente les sigue retaceando protagonismo.

Ida Talavera de Fracchia, poeta paraguaya, ensalza en sus versos a sus compatriotas: “A todas las mujeres de mi tierra/ mujeres campesinas/ que luchan por el pan de cada día/llevando entre sus brazos/ el pedazo de su propia existencia”.

 

 

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EL SILENCIO, SIEMPRE EL SILENCIO

“El silencio fue la marca del discurso femenino”, declaró Sor Juana Inés, encerrada en el claustro para poder estudiar y dar cauce a su rico mundo interior.

Así el mito de Ulises persiguió a la mujer a través de los siglos. Ella fue siempre la Penélope resignada que tejía y destejía, aceptando su destino.

Sin embargo, dentro del panorama americano, con datos humillantes de analfabetismo, hambruna, enfermedades, la mujer no baja los brazos y demuestra que su presencia es indispensable y reguladora.

Desde Haití, país tristemente protagonista en las últimas semanas, llega ahora una noticia que da que pensar. El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas reparte los cupones alimentarios sólo entre las mujeres, ya que “ellas son para la ONU las garantes de una justa distribución de alimentos en la familia”. Sin comentarios.

Si bien no todos los países sufren la pobreza lacerante de los haitianos, los últimos datos hablan de 189 millones de pobres más 76 millones de indigentes desde el Chaco argentino hasta Centroamérica (2). Es vergonzoso que un país como Argentina integre estas estadísticas. Desde luego, no hace falta aclarar que sobre estas cifras, hay un gran porcentaje de mujeres y niños.

 

 

 

Y en varios países, donde la mayoría de la población es indígena, como el caso de Bolivia, Perú, Ecuador, el problema se profundiza. También es cierto que no faltará el funcionario que, encolerizado por una realidad que no hace juego con lo que diariamente declama, afirme que son sólo invenciones de una mala prensa. Pero los números están allí, y detrás de ellos, la realidad que es algo más que cifras y porcentajes.

Latinoamérica puede mostrar al mundo la riqueza de sus mujeres, no solamente como embajadoras de belleza, como es el caso de Venezuela, que cuenta en su haber con varias reinas mundiales, sino intelectuales, profesionales, anónimas luchadoras que enfrentan la pobreza, la enfermedad, la muerte, día por día. Nombres y figuras que se van perdiendo porque no tienen tiempo o no les interesa la autopromoción. Son voces silenciosas, pero de fuerte accionar, que dejan su vida en pos de un ideal tal vez nunca declamado, pero hecho realidad en la tarea realizada que, precisamente, pertenece a la rutina de todos los días.

En un continente transitado por el mesianismo delirante de falsos profetas, de soberbios populistas que medran con el hambre y la indefensión de pueblos débiles sumidos en la ignorancia, la auténtica mujer latinoamericana es conciente de su rol y no bajará los brazos, seguirá trabajando, estudiando, luchando como un símbolo de un futuro esperanzado. Porque sabe que detrás de cada logro vendrá un nuevo desafío, que enfrentará con fuerza y obstinación, en esta América Latina joven y rebelde, hermosa y aún indómita.

 

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(1) Gloria Bonder Revista Iberoamericana de Educación, Nº 6 - setiembre-diciembre 1994- Mujeres y Educación en América Latina.

(2) Inés Capdevila 17-01-2010 La Nación.

Mujeres

Me estremeció la mujer que empinaba a sus hijos

Hacia la estrella de aquella otra madre mayor

Y como los recogía del polvo teñidos

para enterrarlos debajo de su corazón

Me estremeció la mujer del poeta, el caudillo

Siempre a la sombra y llenando un espacio vital

Me estremeció la mujer que incendiaba los trillos

De la melena invencible de aquel alemán

Me estremeció la muchacha

Hija de aquel feroz continente

Que se marchó de su casa

Para otra de toda la gente

Me han estremecido un montón de mujeres

Mujeres de fuego, mujeres de nieve

Pero lo que me ha estremecido

Hasta perder casi el sentido

Lo que a mi más me ha estremecido

Son tus ojitos, mi hija, son tus ojitos divinos

Me estremeció la mujer que parió once hijos

En el tiempo de la harina y un kilo de pan

Y los miró endurecerse mascando carijos

Me estremeció porque era mi abuela además

Me estremecieron mujeres

Que la historia anotó entre laureles

Y otras desconocidas, gigantes

Que no hay libro que las aguante

Me han estremecido un montón de mujeres

Mujeres de fuego, mujeres de nieve

Pero lo que me ha estremecido

Hasta perder casi el sentido

Lo que a mi más me ha estremecido

Son tus ojitos, mi hija, son tus ojitos divinos

Silvio Rodríguez, 1975

 

La brecha entre ricos y pobres

Hoy, la salud de la mujer es uno de los flancos más vulnerables. En América Latina se producen 300 mil nuevos casos de Sida por año. Las muertes suman miles y la proyección habla de 1,5 millones de nuevos enfermos para el 2015, según datos suministrados por la ONU.

El número de personas que viven con Sida en América Latina y el Caribe es más alto que en toda Europa Occidental, Estados Unidos, Japón y Europa juntos.

Pero el problema no es sólo cuantitativo, sino cualitativo, porque ataca con saña a los más pobres y analfabetos. Es una combinación explosiva que sigue el camino de la desigualdad en la distribución del ingreso que caracteriza a la región.

“América Latina tiene en el mundo los más elevados índices de diferencias entre ricos y pobres, y el Sida es una amenaza cada vez más profunda a mayores parcelas de la sociedad”, sostiene Luiz Loures, director de Iniciativas Globales del Programa de Naciones Unidas contra el Sida (EFE viernes 11-08-2006- El Litoral).

El prejuicio racial sigue existiendo, tal vez en Argentina no se dé tanto porque somos uno de los países más europeizados del continente, pero hay un resabio de resentimiento en las grandes masas indigenistas del continente, unido a la raza negra que en menor cantidad ha contribuido con sus costumbres, creencias y cultos, sobre todo en países como Brasil y Uruguay.