Repetir que todo está bien

 

Repetir que todo está bien resulta en la Argentina una mala noticia

 

Hugo E. Grimaldi

 

(DyN)

 

DIARIO EL LITORAL

 

Como el huevo y la gallina, en un juego laberíntico que se retroalimenta, por un lado la presidenta de la Nación ha dicho que hay en marcha un operativo “desánimo” que lideran el vicepresidente Julio Cobos, el resto de la oposición, una parte de la prensa y lo que se tilda como intromisión de la Justicia en decisiones políticas, mientras que por otro los mercados creen que el bajón que denuncia Cristina Fernández tiene origen en decisiones políticas de su esposo, Néstor Kirchner, destinadas a alimentar el gasto y a horadar cada vez más el agujero fiscal por cuestiones de ambición política y, por lo tanto, empiezan a cubrirse preventivamente.

 

La tensión de dos posiciones tan contrapuestas ya se advierte a favor de convalidar o no un nuevo escalón inflacionario y todo indica que el choque de planetas que se produce en la Argentina cada vez que se aceleran este tipo de pulseadas tiene cada vez más probabilidades de ocurrencia en las próximas semanas, lo que explicaría que durante los últimos tres días hayan sido varias las voces oficiales que sacaron a relucir la solidez del modelo y el poder de fuego que tiene el Banco Central en materia cambiaria.

 

Aunque es casi es seguro que la estrategia gubernamental ha buscado robustecer en primera instancia la figura de la nueva presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, quien llega con fama de economista heterodoxa, con una nueva Carta Orgánica debajo del brazo y con el sambenito de que es más obediente que Martín Redrado a las requisitorias políticas de Olivos, tanto agitar la soga en casa del ahorcado finalmente no le ha dado buenos réditos al gobierno.

 

Porque cuando alguien se pregunta si hay algún otro gato encerrado en todas esas manifestaciones, la memoria colectiva responde que si el titular de Economía y los ministros del área política se han tomado el trabajo concertado de salir a decir que todo está bien habría que desconfiar, ya que eso retrotrae la mente a manifestaciones similares de muchas crisis anteriores, por lo cual esta vez el “ánimo” que se intentó inyectar como antídoto parece que se ha tornado contraproducente.

 

Pero además, el olfato de la opinión pública predice que finalmente serán muy pocos los políticos que se van a resistir al uso de las reservas y que no habrá marcha atrás al respecto, aunque finalmente le pongan un tope al desmadre kirchnerista, por lo que los temerosos anticipan un año a pura emisión y con tensiones inflacionarias, cambiarias y también sociales crecientes, a partir de la puja por la distribución del ingreso.

 

De allí que no extrañe que el Banco Central haya tenido que vender algo más de 700 millones de dólares a futuro en la semana, que los bonos hayan vuelto a caer y que las colas de particulares en las casas de cambio se hayan robustecido, ya que cuando se supone que el peso se va a deteriorar, la gimnasia apunta a la dolarización.

 

En cuanto a las bajas bursátiles no habría que considerarlas como un signo determinante de desconfianza, ya que la crisis externa está pegando en el micromercado de Buenos Aires, como rebote de las cotizaciones de papeles locales que están atados al humor de Wall Street. Para completar el cuadro, sólo habría que observar en la semana, cuando se publiquen, las estadísticas del comportamiento de los depósitos, para terminar de pulsar el ánimo de la gente.

 

Tal como están las cosas y a medida que el Fondo del Bicentenario (Fobi) avance en el Congreso y que los mercados se sigan poniendo nerviosos, probablemente falte poco para que desde el poder, en nombre del complot, se empiece a hablar con términos clásicos de otros tiempos, como especulación desenfrenada, corazón y bolsillo y torcedura de brazos o a denunciar el clásico “golpe de mercado”.

 

Eso también será contraproducente. Si se desacredita a los mercados una vez más, la presidenta además sufrirá un nuevo resbalón dialéctico, ya que en la semana ella elogió su acción, algo impensado para sus estándares regulatorios, pero sólo porque habían reaccionado favorablemente ante el anuncio del Fobi, como un signo de confianza.

 

Claro que no mencionó que ese aval se produjo únicamente mientras se creía en lo que el ministro de Economía había promocionado ambiguamente cuando lo lanzó, que se trataba de un instrumento destinado a “garantizar” el pago de la deuda de este año.

 

Lo cierto es que hay dudas fiscales, cambiarias y hasta legales que hacen a la posibilidad de embargos en el exterior y que hasta quizás lleguen a abortar el canje de deuda, debido a que las que las señales que se esperan de la Administración aún no están disponibles. Es cierto que los mercados no lloraron por Redrado, pero en materia de expectativas suponen que ahora las cosas están peor.

 

Por empezar, los expertos quieren ver cuál va a ser el programa monetario que esta nueva administración del BCRA se anime a presentarle al Congreso y querrían saber a priori cuál será el monto de la calesita infernal de emisión que podría sobrevenir si los dólares que salen del BCRA rumbo al Tesoro luego retornan al Central para pedir los pesos que se necesitan para pagar la deuda en esta moneda, lo que haría que se esté emitiendo en dos oportunidades dinero local contra las mismas divisas, toda una ficción para encubrir la “maquinita” de imprimir dinero, que podría multiplicarse varias veces si los dólares van y vienen.

 

Los dólares buenos son los que se compran con superávit fiscal, dice la ortodoxia, y éste hoy ha desaparecido. En tanto, quienes siguen la línea de pensamiento del gobierno descreen que la cuestión monetaria sea central para determinar un proceso inflacionario y prefieren poner el acento en las restricciones de oferta que generan quienes buscan ganar más a partir de la remarcación de precios. Además, suponen, desde lo ideológico y sin tomar en cuenta el durísimo golpe al bolsillo que tendrán los más pobres que ellos dicen defender, que un poco de inflación no vendría tan mal, si eso asegura que el consumo desenfrenado que endulce una vez más a la clase media, termine por empujar finalmente los números de la producción.

 

En general, no hay confianza en que el Fobi se detenga en U$S 6.500 millones, porque por más que las manifestaciones oficiales aluden a que no hay en esa masa de fondos plata para los gobernadores que lo apoyen, la reasignación de partidas presupuestarias abre el juego a cualquier otro tipo de gastos.

 

Quienes están más familiarizados con los números fiscales suponen que hoy el manotazo a las reservas no debería ser menor a 10 mil millones de dólares, aunque siempre se podría llegar en el límite hasta U$S 18 mil millones, lo que se considera bajo el rótulo de “Reservas Excedentes”, divisas que están por encima de la cobertura de la Base Monetaria y los saldos que los bancos tienen en el BCRA, tal como en tiempos cuando funcionaba el 1 a 1 de la convertibilidad, algo que más de media biblioteca no admite.

 

Otro signo de nerviosismo se ha manifestado porque los mercados también evaluaron que, al revés de lo que sucedió en la crisis del campo, esta vez el coletazo del deterioro alcanzó también a muchos de los opositores de todos los pelajes, más activos por atender a sus propios posicionamientos que por mostrarse preocupados por las necesidades cotidianas de los de a pie.

 

El mayor deterioro lo sufrió Julio Cobos, después del consejo positivo que dio en relación a la permanencia de Redrado al frente del Central y a la diferenciación que supo marcar, por disciplina partidaria, el diputado Alfonso Prat Gay, de la Coalición Cívica, junto al bochinche internista que armó la UCR por este nuevo desvío del vicepresidente. El PRO y el peronismo federal, dentro de todo, se manejaron con mayor discreción, mientras que la centro-izquierda ha dejado entrever que acompañará la filosofía de un BCRA más productivo, que debería plasmarse en una nueva Ley de Entidades Financieras que obligue a los bancos, desde el ángulo del “servicio público”, a atender a la planificación centralizada del gobierno de turno.

 

En cuanto a la posibilidad de generar acercamientos hacia el kirchnerismo, a pocos les extrañaría que si alguna fracción opositora presume que puede ser alternativa factible de sucesión bien podría negociar que el actual gobierno no le deje una bomba de tiempo cebada para el día que se vaya, siempre que le quede algo para rascar en el fondo de la olla.

 

En medio de todo este aquelarre que ha generado algo que nunca antes había padecido Néstor Kirchner gobernante, la falta de caja, el próximo miércoles, en Punta del Este, Uruguay puede llegar a darle una lección inolvidable a la clase política de la Argentina. Con el apoyo de varios ex mandatarios de diferentes signos políticos, el presidente electo, José Mujica, ha citado a más de mil empresarios para “venderles” su país como destino de inversiones. Buena parte de la concurrencia será argentina, aunque también se han anotado hombres de negocios brasileños, estadounidenses y venezolanos, más muchos embajadores del cuerpo diplomático acreditado en Montevideo.

 

Según se pudo establecer, pese a los condicionamientos internos de un Frente que cuenta con casi 30 agrupaciones de izquierda, Mujica ha decidido “avanzar a la chilena, antes que a la venezolana o a la argentina”, a partir de un equipo económico al estilo español, algo ortodoxo, seductor para los inversores y confiable para los mercados, aunque socialdemócrata en espíritu. Es decir que durante los primeros tiempos del nuevo presidente, Uruguay apostará al fomento de la inversión productiva y generadora de puestos de trabajo en la agroindustria y el turismo, de modo que se incentive la movilidad social ascendente, antes que al consumo basado en subsidios y prebendas.

 

Así se lo ha hecho saber Mujica a sus partidarios más radicalizados. Si al gobierno argentino no le interesa el modelo, al menos debería estar preocupado desde lo geopolítico, porque no sea cosa que ahora los capitales que se fugan del país no se vayan a los colchones ni a comprar hoteles en El Calafate, sino que supongan que el viraje pragmático de Mujica a favor de las reglas claras persistirá durante todo su mandato y empiecen a volcarse masivamente en el Uruguay. Más allá de las picardías del Pepe, ¡marche otro enemigo para los Kirchner!

 

 

 

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