Métodos políticos intolerantes

 
DIARIO EL LITORAL DE SANTA FE http://www.ellitoral.com/
 
 
03-04-2010
 
 
 

Fueron siete horas que parecieron interminables y que pusieron a prueba la fortaleza de un grupo de mujeres que reclaman libertad de pensamiento en la isla de Cuba. Siete horas que, además, revelaron de qué son capaces los gobiernos dictatoriales para acallar cualquier voz que no concuerde con los objetivos e imaginarios del régimen.

 

 

Por tercer domingo consecutivo, seguidores de Fidel y Raúl Castro impidieron el desfile del grupo disidente de las Damas de Blanco, un puñado de mujeres cuyos familiares permanecen en la cárcel desde 2003 por pensar diferente al gobierno. El hostigamiento se prolongó desde el mediodía, hasta las siete de la tarde.

Lo único que pretendían estas mujeres era marchar desde la iglesia de Santa Rita por la Quinta Avenida de La Habana, en una jornada en la que Cuba celebró elecciones para renovar los gobiernos locales de la isla. Como ya había ocurrido el domingo 18 de este mes, un agente de seguridad comunicó a las Damas de Blanco que necesitaban un permiso oficial para desfilar.

Las Damas nacieron en abril de 2003, cuando emitieron un comunicado a la opinión pública internacional en el que dejaban en claro sus objetivos: “Nosotras, las esposas, madres, hijos e hijas de aquellos hombres y mujeres que se encuentran injustamente encarcelados luego de la reciente ola masiva de arrestos en contra de la disidencia pacífica de Cuba, pedimos su solidaridad y apoyo para una campaña internacional exigiendo la liberación inmediata de nuestros familiares, quienes han sido arrestados por ejercer la libertad de expresión y pensamiento, y por querer lograr para nuestra querida nación la reconciliación y el respeto a los derechos humanos”.

El domingo último, el 93% de los 8,5 millones de cubanos en condiciones de votar participó de unas elecciones que apenas tienen un alcance simbólico, pues el Partido Comunista es el único que cuenta con la autorización legal para presentar candidatos a ocupar una de las 15 mil bancas de las asambleas municipales del Poder Popular.

La presión contra las Damas de Blanco se dio pocas horas después de que otra mujer, también disidente y a miles de kilómetros de su patria, sufriera el ataque intolerante de grupos que impidieron que pudiera presentar en la Argentina su libro “Mi verdad” en la Feria del Libro de Buenos Aires.

Hilda Molina sabe lo que significa enfrentarse al régimen de los Castro: “El fantasma de Fidel me acompañará hasta el último de mis días”, había dicho recientemente en una entrevista con un medio de Santa Fe. Y estaba en lo cierto.

Dos días después, el periodista Gustavo Noriega tampoco pudo presentar su libro “Indek, historia íntima de una estafa”. Entre los patoteros que evitaron la presentación había miembros de la barra brava de Nueva Chicago, que difícilmente estén al tanto de lo que ocurre en el Indec.

Comparar a la Argentina con Cuba es sin dudas una exageración. Sin embargo, algunos grupos parecen dispuestos a replicar ciertos métodos intolerantes.

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